viernes, 10 de septiembre de 2021

Notas Filosofía, Historia, Banalidad (3)

  Esta es al final una tarea de solitarios.

• El hombre que no se encuentra interesante a sí mismo, de un modo auténticamente curioso: esto es, de un modo tal en que su curiosidad deja de llamarse tal y se transforma en una honda desazón, en un continuo desasosiego y angustia ante la incomprensible realidad; el hombre tal busca y le sobran ocupaciones, y le bastan para existir de ese modo, pues en el fondo en el curso inconmensurable de la vida cada conciencia particular, con su nivel de ceguera, es indiferente incluso para sí misma, pero no es posible que sea una experiencia con significado, también, más que para sí misma. La angustia, la desazón y el filosofar son sólo un modo distinto de existir, un temple y un substrato propios de la conciencia y, por esto mismo, una distinta materia para la conciencia, con la que no se nutre de significado más que a sí misma.

• Toda filosofía es por lo tanto y en primer lugar una toma de conciencia de sí mismo, un único concreto despertar.

• Que la conciencia emprenda un ejercicio de sublimación de la experiencia no es una condición necesaria de la existencia, pero sí es una posibilidad ante la cual la simple indiferencia resalta el carácter degradante de lo banal, de la experiencia empobrecida por un banal empeño.

• En la experiencia banal hay siempre una degradación de la experiencia en tanto experiencia auténtica, es decir, significativa para la conciencia misma y con ella para toda posibilidad de entendimiento de la experiencia, esto es, del existir — del ser.


Notas Filosofía, Historia y Banalidad (6)

  • En este hecho que venimos denominando supremacía de lo banal, se reviste de banalidad aquello que en realidad no es trivial, ni banal,...