lunes, 20 de diciembre de 2021

Notas Filosofía, Historia y Banalidad (6)

 

• En este hecho que venimos denominando supremacía de lo banal, se reviste de banalidad aquello que en realidad no es trivial, ni banal, y que por el contrario resulta esencial para la experiencia de vivir, para el existir y por lo tanto para el ser. Si acogemos en nuestra reflexión la estructura comprender, disposición afectiva y discurso como constitutiva del ser, se podrían estudiar cada uno de estos tres elementos y determinar si la actual estructura del mundo posibilita o no, una primacía de lo banal en el comprender, en la disposición afectiva y en el discurso del uno. 

• El encubrimiento del ser es el olvido de que existir consiste en obrar, pensar, decidir. La banalidad de la que se reviste aquello que resulta ser más esencial para el ser: la afectividad, el comprender, el discurso ,el lenguaje, el pensamiento: el ser mismo. Encubrimiento, revestimiento, ocultamiento, son términos que pueden designar aquello que este trabajo intenta sugerir: aquello que se oculta en su sentido íntimo y profundo se reviste con la apariencia contraria, y entonces se degrada la experiencia al punto en que se olvida su sentido verdadero, íntimo y profundo. Una experiencia trivial del afecto, del trato a los otros o a sí mismo, de la sexualidad, de la violencia o de los aspectos más problemáticos de la vida y de la sociedad.

• En la obra de Heidegger encontramos de forma recurrente lo que él mismo denomina ejercitación en el pensamiento filosófico, como el acto vivo de reflexión en torno a ideas; quién es el autor de las ideas, al final es lo menos relevante. Las ideas, a cambio, plantean preguntas, ponen al lector frente a frente con auténticos problemas. Las preguntas originarias a las que se enfrenta quien piensa acerca de las ideas, se hacen en sí mismas problemáticas, inquietan a la razón en la hondura del ser, al hacerle cuestionarse problemas fundamentales. Lo importante es el entendimiento de que la ejercitación en el pensamiento filosófico es a su vez y principalmente una ejercitación en vivir filosóficamente. 

• La ejercitación del pensamiento como reflexión en torno a problemas fundamentales, significa una auténtica confrontación entre la evidencia bruta de los entes, con toda su carga de historia y sus insospechadas cadenas de significación, y el hecho de existir propiamente y de ser consciente. Una exaltación tal de la razón atañe en el fondo a la existencia entera, a la idea que se tenga de ella y a la voluntad que la guíe. Este es un modo de pensar que determina el propio existir, que busca desvelar el sentido de los entes desde el análisis del ente que es él mismo, despojarlos de su carácter banal. Si la filosofía puede hacerse banal, esto es porque en el fenómeno de la primacía de lo banal, toda experiencia puede ser banal, del mismo modo que toda idea puede ser trivial, si es una conciencia trivial aquella que la experimenta, la percibe y la piensa.

• En la cotidianidad de la vida ocupada en el trabajo y la entretención, es común que el sentido del ser, así como la esencialidad y las implicaciones de este ser mismo de las cosas (de la realidad) permanezca sin ser siquiera interrogado por el ente capaz de preguntar. En el olvido de la pregunta por el ser, subyace el olvido del preguntar mismo, preguntar constitutivo del ser existente que es el hombre.

• La realidad es el único misterio.

• En términos de cultura, banalidad es ambigüedad, superficie, apariencia vacía. En la existencia banalidad es irresolución. Lo banal en la cultura es manifestación de la vacuidad de la vida.

• Es posible que la era de las comunicaciones globales sea en el fondo la más democrática de las épocas; esto no significa que sea tal el actual estado de cosas, porque en todo caso la realidad actual dista mucho de ser precisamente "democrática". Sin embargo, el ideal de la sociedad del conocimiento, poner a disposición de todos las herramientas, la información, el acceso al conocimiento del pasado así como de lo inmediato; el acceso a todos los libros, todos los idiomas, los saberes, oficios y prácticas, imágenes, en fin la biblioteca entera de la humanidad, con todo su saber pero también con toda la miseria, violencia, perversión o simple banalidad. Todo al alcance de la mano y de la mente de cada quien.

•  Lo importante aquí es que la elección del hombre en tanto individuo, en tanto pueblo o civilización, tiene en el fondo la posibilidad de descubrir su ser, no en un improbable aislamiento del mundo o del uno. Pero sí en una experiencia consciente de la realidad: un cohabitar en el mundo y coestar con el otro, pero desde sí mismo, desde el propio ser; esto es, desde una experiencia de la comprensión del mundo, de su disposición afectiva y de la calidad y verdad de su discurso. Lo contrario, una experiencia de la vida y de la historia, de espaldas al ser al que se vive desde la simple experiencia repetitiva, vacía y sin alma, una experiencia trivial de los afectos, irresponsable del ser propio y de los otros. 


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